Tengo un vértigo que no para.. Estoy re-apurada haciendo la maleta para este viaje. Tengo tanta alegría porque finalmente me dieron el permiso... Hace unos días le dije a alguien que bien podría vivir esta semana en Chiapas y no importaría en realidad el resto del año.
Eso es bien en serio.
Creo que todo eso se llama magia. Una magia que no es ilusión.
Los más bellos paisajes, muchos colores, muchas miradas de gente bien linda...
Una semana que hace renacer la alegría, que hace que mi corazón viva..
Despertar los domingos cuando ya está puesto el sol, y escuchar la algarabía acostumbrada fuera de mi cuarto por mis hermanos, me hace recordar cuando era más pequeña y todo el mundo se me hacía tan increíblemente grande...
Creo que los domingos siguen siendo un pedacito de esa infancia. Cómo me siento ahora en el limbo. No estoy allá, pero tampoco siento que estoy donde todomundo dice que debería...
No te lo dije, claro, pero esta tarde estoy feliz contigo. La primavera, el rehilete, el amanecer en plena tarde. No sé si reír o llorar. Ya lloré contigo, ya ves, pero ya sabes que así soy de ñoña.
Eso de la confianza está cabrón. Pero se puede.
Para mí estar con vos nunca tiene los mismos colores.
Veremos qué sucede.
Aunque medio mundo nos linche mentalmente cuando sepan...
Yo no haré más sht
Estoy irie
Tengo mucha alegría y me siento rara
Pero igual también las rarezas siempre son distintas.
Quiero cantar
y preferiría no tener que hacerlos, pero hasta los deberes parecen nimiedades (y es que sí lo son, pues)
Creo que sí llegó ese viento fuerte que había pedido
y las flores
muchas...
Sólo que sepas que a mi también me hubiera gustado haberme quedado un ratito con mi cabeza en tu pecho.
Amor, mi amor, qué tonto es el tiempo fuera. El tonto más sabio.
Me la juego, siempre si es con vos. Me la juego y pongo todo, bien al pedo. Nomás procura ser sincero y estar consciente de lo que eres en mí...
El jueves llega como postre a la mesura. Desde las mínimas sonrisas de la gran estrella, procuro no ahogar la flora prisa con que comienzo a dar los típicos pasitos torpes de la modorra matutina. Sin embargo, atino a tomarme el tiempo de saborearlo con las manos, entre cada uno de mis sabecuántos dedos. No acepto cucharas que trasgredan su piel azul intacta o tenazas que pretendan torpemente celofanizarle la pureza. Y lo saboreo como dije: con las manos, con los ojos, con los pies, y quizá pueda hacerlo también con los codos…
Llega el jueves y lo vivo, pero aguardo la zona, la parte más dulce, el centro tropicálido, los sabores naranjas en las pupilas contentas husmeando entre los árboles y a la línea vacilante trazada al horizonte; algún poema de alguien otro, en quien me veo. Y después de leído –el cielo, el poema o cualquier otra cosa que me robe la mirada y la atención- abandono el sitio para acabar mi jueves, con un leve arrullo en los ojos, cautelosa de no limpiar después mis labios, en los que queda una efímera sábana dulzona de mi -paraentonces- devorado día, que hace que a veces, si me emociono demasiado, sienta pájaros extáticos rasguñándome la panza.
Es bien raro cómo funciona el recuerdo. Nadé siempre entre estas canciones, desde más pequeña, las oí y reoí todas las veces del mundo, y hasta ahora es cuando empiezo a darme cuenta de cuáaaanto me gustan (y lo ventajoso está en que ya mi gente y el tiempo se han encargado de que me las sepa).
Me he ido esta semana entre lágrimas y unaodosotres risotadas de ironía, que a veces me sorprende calladita viendo al cielo en el rincón de la terraza. Sobretodo sé que las amo ahora que las marañas que tenía por pestañas me las vengo quitando desde que doblé la esquina...
Ésta, sin embargo (o algo como para hacer un énfasis en naranja), juro que me encanta, por lo (in)sensata y sobretodo por que siempre que la canto, me da esta sensación increíble, de querer mover los dedos y sacarme el alma, cachito a cachito e ir a buscarte. Decirte esto que dice doña Chavela como ninguna voz nunca podrá decirlo...
Para tí, dolencia y cura de mi estar amargo... O para mí, y es que es cuasi imposible saber sin que amenace a estas horas tu fantasma...
¡Ay, Dolor... Ya me volviste a dar!
(Ah, y luego es que decidí poner el marco rojo. Por obvias -almenosparamí- y múltiples razones. Jojo, que esas cositas también dicen otras tantas rarezas de mi ser ventolero...)